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Alguien te ama y suspira por estar
Siempre contigo en todo lugar.
Alguien te ama, no es una ilusión.
¡Quiere vivir en tu corazón!
¡Es verdad, Alguien te ama, y por
esa razón te ha hecho llegar este
pequeño mensaje! ¡Alguien
te quiere y desea brindarte felicidad!
Todos anhelamos amar y ser amados. ¡Para
la mayoría de la gente el amor es
lo más sublime y grandioso que hay! ¡Todas
las bellezas de la creación son
una obra de amor: la hierba, los árboles,
las flores, un espléndido atardecer,
el romanticismo de una noche estrellada,
las maravillas del mundo animal! Aun nuestros
animalitos domésticos entienden
el lenguaje del amor. Es más, a
veces ni sobreviven sin él. Mueren
de pena y tristeza.
Los seres humanos también ansiamos
amor. Tan es así que hay ocasiones
en que nos morimos de pena por falta de
amor, pues todos tenemos necesidad de afecto
y ternura y de querer a alguien. Esa es
la razón fundamental de nuestra
existencia. Por eso vinimos al mundo, porque
Alguien nos quiere y desea que seamos felices,
que amemos y seamos amados, que disfrutemos
de todas las cosas lindas de la vida, y
que tengamos de todo en cantidad suficiente.
Pero ¿por qué hay tanta tristeza
y sufrimiento en el mundo? ¿Por
qué tanta perversidad, horror, dolor
y muerte? ¿Por qué no puede
ser todo bondad, belleza, encanto, placer
y deleite?
Lo cierto es que en un principio todo
se creó con esa intención.
Pero el hombre optó por el egoísmo,
la desconsideración y la falta de
amor por los demás, y al tomar su
propio camino, se alejó del Paraíso
de la creación original. Todos somos
culpables en alguna medida de la desolación
que vemos en el mundo. Seamos sinceros. ¿No
es cierto que todos hemos obrado equivocadamente
en alguna ocasión y hemos hecho
cosas que sabemos que estaban mal, que
luego no pudimos remediar? El amor es capaz
de sanar cantidad de heridas y devolver
la alegría a muchísimos corazones,
aliviar gran parte del dolor y la agonía
que sufre la humanidad y evitar innumerables
muertes. En cambio, el egoísmo,
la codicia, la inconsideración y
la terquedad son causa constante de la
mayor parte de las penas del mundo, incluidas
las que padecemos nosotros mismos.
Hemos echado a perder el paraíso
terrenal que se nos confió para
nuestro deleite. Lo hemos arruinado con
tanto odio, avaricia, violencia, dolor,
guerras y matanzas. Sin embargo, hay Alguien
que quiere salvarte de todo eso, y un día
hasta piensa sacarte de aquí, y
ahora mismo desea guardarte de muchas de
esas cosas y concederte alegría,
paz, satisfacción, felicidad, y
por sobre todas las cosas, ¡amor! ¡Amor
por Él, por los demás, y
hasta por ti mismo! Él es el Dador
de todo lo bueno, el Dios del amor. Nos
ama porque Él es el amor mismo. ¡Sí,
hay Alguien que te quiere, Alguien que
sintió tanto amor por ti que entregó Su
vida para salvar la tuya! « ¡Nadie
tiene mayor amor que este, que uno ponga
su vida por sus amigos!» (Juan 15:13.)
Eso mismo hizo Él por ti, para pagar
por tus pecados y ofrecerte Su amor y Su
perdón.
Lo único que te pide es que te
vuelvas a Él y te arrepientas, que
lo aceptes en tu vida y creas en Él,
y que te muestres agradecido por lo bueno
que ha sido contigo. También quiere
que trates de brindar amor y hacer el bien
a los demás, tal como Él
ha hecho contigo, tal como Él desea
hacer contigo, y como hará aún
en mayor medida en el futuro lleno de esplendor
que nos aguarda, cuando Él venga
a buscarte para llevarte a Su Reino celestial.
En ese entonces se apoderará de
la Tierra y la regirá con justicia,
amor, misericordia, benignidad y bondad. ¡Acabará con
todas las guerras, el odio y la enemistad,
y creará un fascinante y glorioso
Reino de amor aquí en la Tierra
para que todos lo gocemos por la eternidad!
A ese Ser extraordinario que te ama no
tienes más que pedirle que venga
a vivir a tu corazón. Se llevará todas
tus lágrimas y disipará todas
las angustias provocadas por la soledad,
el menosprecio, el miedo y la confusión. ¡En
su lugar te dará una vida magnífica
llena de amor que durará eternamente! ¿Le
pedirás hoy mismo a Jesús
que entre en tu corazón? Él
es el fruto de amor del propio Dios, la
señal de Su amor, Su propio Hijo,
enviado al mundo para transmitirnos el
amor del Padre, ¡aunque fue perseguido
y crucificado por gente perversa! ¡Pero
gracias a Dios, resucitó y volvió al
Cielo para reunirse con el Padre de amor,
y ahora está con nosotros, así como
Su maternal y tierno Espíritu Santo! ¡Imagínate,
el propio Hijo de Dios murió por
ti por amor a fin de que tú vivieras! Él
quiere que seas feliz, yo quiero que seas
feliz, ¡todos queremos que lo seas!
Somos muchos los que te amamos y podemos
ayudarte si acudes a Él y a los
que te quieren. Lo tienes a tu alcance
ahora mismo por medio de esta pequeña
oración:
«Padre celestial, ¡te ruego
que me perdones las cosas malas que he
hecho! Lo siento mucho. Quiero recibirte
en mi corazón por medio del amor
de Tu Hijo Jesús. Enséñame
a amarte y a amar a mis semejantes, para
que pueda hallar felicidad y brindársela
a los demás. Instrúyeme más
en Tus caminos mediante Tu maravilloso
libro, la Biblia. En el Nombre de Tu Hijo
Jesús, amén.»
Si has rezado esta oración con
sinceridad y de buena fe, Jesús
ha entrado a tu corazón. ¡Él
prometió hacerlo! Dijo: «He
aquí, Yo estoy a la puerta y llamo;
si alguno abre la puerta, entraré a él
y tendré amorosa comunión
con él» (Apocalipsis 3:20).
Si aún no has tomado esta decisión, ¡hazlo
ya, mientras puedes! ¡Que Dios te
bendiga y te guarde, y haga de ti una bendición!
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